El herrero (2013)

“From the mystic dream of a nighttime
I saw the clarity of my days
From the gates of longing
Looked for the familiar glow
The death of my wife’s slayer
Brought no comfort to me
No shape for loneliness
For a dream”
(Silver Bride, Amorphis)

Yo, que forjé la bóveda celeste. Yo, el del nombre que todos conocen, inclusive yo, aquel del que todos hablan, tengo mi rey. Y a mi rey me debo. Yo, el eterno forjador fui enviado a la distante y obscura Pohjola1, donde se devoran a los hombres, donde los héroes son exterminados. No importó la fuerza con que me negara, pues mi rey me envió para salvar su cabeza y con su hechizo a la obscura Pohjola fui enviado.
Ya en la obscura tierra donde los héroes son exterminados, el ama de casa me invitó a pasar a su hogar y con abundante comida e hidromiel fui agasajado, para luego ser engañado. La ama de casa de Pohjola, la madre Louhi, me ofreció a su hija mayor, la hermosa doncella a cambio de forjar el sampo, un artefacto mágico, con el pulmón de un cisne, con la leche de una vaca estéril, con un grano de cebada y el copo de lana de una oveja preñada.
En la obscura pohjola ninguna fragua se hallaba y por tres días debí buscar hasta encontrar, en el primer día, una losa multicolor donde pudiera encender el fuego, tuve que esperar al segundo día para poder colocar el fuelle y al tercer día pude traer los materiales. Durante tres días trabajé para forjar el mágico molino, el imperecedero sampo. Al ama de casa de Pohjola se lo entregué, esperando la mano de su hija a cambio, pero el sampo fue escondido y la doncella no me fue entregada, y a mi tierra fui regresado.
Muchas noches pasé de desvelo por la doncella que me fue negada, por el rechazo de quien me despojaría de mi eterna soledad. Muchas noches a la luz del fuego trabajé sin poder dejar de pensar en ella hasta que mi hermana, la dulce Anniki, me diera aviso de que el runoya eterno, el impasible Wainamoinen, iría hacia la obscura tierra donde los hombres son devorados a pedir la mano de la hermosa doncella. Pero mi señor no es implacable, en él no radica codicia alguna, y a un pacto de paz llegamos, ninguno se llevaría por la fuerza a la doncella.
Una vez más viajé a las distantes tierras del norte. En mi hermoso trineo emprendí mi viaje hasta Pohjola con la ayuda de Ukko que me cubrió de nieve la tierra. Allí debí roturar el campo lleno de víboras, de arriba abajo roturé el campo lleno de serpientes con el arado de oro, un arado de plata forjado por mí magia. Pero aún así la doncella no me fue entregada. Con mágicos cantos y el trabajo de mis brazos forjé un halcón deslumbrante, un poderoso pájaro de blanco plumaje con el cual pesqué al sollo lleno de escamas, al pez de rápidas aletas, en el río de Tuoni, en las profundidades de manala, donde solo los muertos transitan. En ese momento mi recompensa fue la deseada, en ese instante la dulce doncella prometida por la que me desvelé, pues la dulce arrulladora paloma de mi soledad me fue entregada como compañera de vida.
Apacibles fueron los días con mi dulce esposa, con la arrulladora paloma de mi soledad. Todavía me pregunto por qué acepté la oferta de Untamo6, pues tendría que haber previsto que con él compraba al asesino de mi amada, de la compañera que por tanto tiempo buscara. Poco importa ya la muerte del asesino de mi esposa, pues las lagrimas corrieron amargamente, por largo tiempo lloré a mi amada a la que enterré en lo profundo de la roca.
Durante tres meses lloré a mi amada, mas al cuarto arrojé un montón de mis tesoros a la fragua. Interminables fueron los días en donde mis sirvientes soplaron con el fuelle, ya no recuerdo cuándo el último de ellos cayó sin vida. Por mucho tiempo continué forjando solo. Tres veces soplé y de las llamas una doncella surgió de entre las brasas. Una doncella con la cabeza de plata, con cabellos de oro. Día tras día, noche tras noche martillé dándole forma a los pies, dándole forma a sus manos. Pero sus pies permanecían clavados, sus manos no se tendían para abrazar. Las orejas le modelé, pero estas permanecieron sordas. Le modelé una linda boca y unos hermosos ojos, pero su boca no pronunció una sola palabra, sus ojos no alumbraron una sola mirada.
A mi lecho llevé a la doncella plateada, pero desde la primera noche hube de pedir mantas, pieles de oso, camisas de lana para poder estar con mi nueva esposa, pero ya nada sería como antes. Ya nada volvería a ser lo que fue, la arrulladora paloma de mi soledad ya había partido en amargo vuelo. En mi lecho ya no hay calor por las noches, salvo del lado de las mantas, pero al otro lado, junto a la doncella de oro, sentí un terrible frío, me sentí convertir en nieve, me sentí endurecer como una roca.
Amargado por la desdicha cometí una locura, cegado por la amarga soledad castigué a quien obligué a amarme, y ahora desterrada vuela en una distante isla, víctima de mi desdicha, por culpa de un corazón convertido en piedra por la muerte de mi amada. Ya nada importa, mi arrulladora paloma de mi soledad ya no volverá y nada podrá ocupar su lugar sin hacerme sentir que ya mi corazón se convirtió en piedra desde que a ella la enterrara. Mi soledad será eterna.

*Cuento inspirado en la historia de Seppo Ilmarinen contada en el Kalevala, poema épico compilado por Elias Lönnrot en el siglo XIX a partir de fuentes folclóricas finlandesas.

(*Cuento registrado en DNDA)